De circunferencias, Budas y anémonas

No hay un principio sin un final, a no ser que seas una circunferencia, que no suele ser el caso. Cuando asumes este hecho te conviertes en una marea que fluye libre y relativizas las torpezas de la vida.

Algo así me esta ocurriendo. El desasosiego se transforma en paz y me siento un poco Buda… bueno, sin pasarme, no vaya a transformarme en una anémona.

Fragmento de “Una vida colapsada” del sr. Tonooi.

Conocimiento inútil

“- He oído por ahí que el sr. Tonooi sabe muchas cosas.- Dice el gato blanco.
– Es posible, pero seguro que menos del 5% sirve para algo.- Responde el gato negro.
– Si, es lo que el autodenomina “conocimiento inútil”.- Zanja el gato blanco.”

Puede que tenga alguna virtud. No me preocupa demasiado, con el tiempo he aprendido que lo único que importa es saber disfrutar de lo que eres y de lo que tienes. Y yo soy curioso y todavía disfruto de una excelente memoria.

Ya de bien joven estudiaba por mi cuenta las cosas más peregrinas; lo que me llamaba la atención por cualquier nimiedad. Este hecho, aparentemente inocente, me trajo no pocas discusiones con mis superiores en edad (Padres, tutores y demás jerarquía), pues descuidaba lo que ellos consideraban importante. Otros dirían que fui un mal estudiante.

El caso es que a mi manera acaparé ciertos conocimientos de los que solo sirven para los programas de “la 2” y que me han procurado una cierta reputación como tertuliano doméstico. Disfruto de este hecho. Las buenas conversaciones con una copa de vino son, para mi, uno de los mayores placeres de la vida. Y ya no digamos si mis contertulios poseen unas maravillosas curvas. De acuerdo, con el sr. Kihara también me conformo.

Fragmento de “Una vida colapsada” del sr. Tonooi.

Andar el camino

“- Te vienes o te quedas?- Pregunta el gato blanco.
– Díficil decisión mi gatuno amigo.- Responde el gato negro.
– Gatuno amigo? Si los dos somos gatos… anda, no me seas humano y prepara las sardinas que nos vamos.- Finaliza el gato blanco.”

Bel fija su mirada en el vacío. El viento es fuerte al pie del acantilado. La composición de paisaje y mujer me hace temblar levemente. Aparentemente fuerte, aparentemente decidida, hoy, sin embargo, Bel parece dudar.

– Sr. Tonooi, cree usted que he hecho bien?
– Yo no creo nada por costumbre, bien lo sabe… pero si, no debe temer los cambios y a veces no queda otra.

La srta. Bel lo ha dejado todo y ha buscado refugio en un pequeño pueblo del sur donde se fusionan mar y montaña, un lugar tranquilo de preciosas calas y abruptos saltos. Seguramente encontrará más de lo que pueda haber dejado atrás. Hay un momento en tu vida que en el que debes olvidar los caminos ya recorridos, los que siempre te llevan al mismo lugar.

La observo quietamente provocándole un ligero temblor. No es mi intención, no importa, de inmediato recupera la compostura. Redescubro lo hermosa que es su sonrisa aunque a veces ella ni se de cuenta. Bel de formas decididas y espíritu inquieto.

– Sabe? Tengo dudas… últimamente me planteo mucho las cosas.
– Pues esa es una estupenda noticia.
– Usted cree?
– Que quiere que le diga… que acepte las cosas así, sin más? No amiga mía, el secreto del camino es recorrerlo con los sentidos alerta, empaparte de lo bello y de lo triste.
– Vaya! Otro día que no ha tomado su medicación. Es broma, puede que tenga razón.

El viento del acantilado hace bailar el hermoso cabello de la srta. Bel y yo suspiro por un poco de juventud.

Fragmento de “Una vida colapsada” del sr. Tonooi

Grutas

“ – Al fin solos! Bendita tranquilidad. – Comenta el gato blanco.
– Si, pero lo de la espeleología no le durará mucho a…- Prosigue el gato negro.
– Calla!.- Corta el gato blanco.- Por lo menos hoy ni lo nombres.”
 
Estoy en una gruta. Que hago yo en una gruta? Otra vez arrastrado por la sinuosa belleza se la srta. Silvia… para que? Si mi carnalidad es metafísica. No me estaría quejando si no fuese porque estamos atrapados esperando un equipo de rescate.
 
La srta Silvia me observa con preocupación, debo estar algo pálido… supongo.
 
– Qué? Mi querida amiga. No me mire con esa cara de espanto. Creo que sobreviviré.
– Bien, estuvo hace poco en la Amazonia. Es el nuevo sr. Tonooi… el aventurero. – No se si se está burlando, a mi así, desde luego que no me anima.
 
Las grutas se me asemejan al subconsciente, es todo tan caótico y oscuro. Esa estalactita retorcida y de final hiriente que está justo en frente de mi, tiene toda la pinta de ser como el ADN de mi última pesadilla. Me pregunto a quien podría pertenecer la mente de este sitio. No hay respuesta. Todas las personas, por simples que parezcan, poseen su rincón bizarro, su espacio deforme donde se forjan sus miedos, sinrazones, ideas peregrinas e incluso sus sueños limpios.
 
Estoy abstraído, para varíar, con la historia de las grutas cuando oígo su voz.
 
– En que piensa? Creía que estaba asustado.
– En nada. Observo las estalactitas, estalagmitas, los extraños que aquí habitan, me refiero a insectos y demás… y ya está.
– Me alegro de que este tranquilo. Sentía un pelín de culpabilidad.
– Por favor srta. Silvia, cada cual es responsable de sus actos.
 
Me olvido del subconsciente y pienso en las magníficas formas de la srta. Silvia.
 
Fragmento de “Una vida colapsada” del sr. Tonooi