Jardín oculto

Te busqué en ese jardín oculto
Del sueño toda esta noche
Y saboreé tus besos de fruta fresca
Y el goce de cinturas ensambladas

Y murmurabas palabras
Que yo callaba con mi boca
Después recorrer tu cuerpo,
Un poco todo, montes y llanuras

Que hermoso despertar
De alegría silenciosa
Pues estuve contigo
Aunque tu no lo supieras

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La espera de Naoko

Sigo esperando su sueño, ese que me entreabra su puerta, pero Kizuki persiste en su insomnio. Nadie sabe que le pasa, a veces obviamos lo simple: no quiere soñar conmigo. Mil excusas, que si estrés, que si no cuida los hábitos, que si un principio de depresión… No quiere reconocerlo, pero como he dicho la respuesta está en lo simple. La navaja de Ockham.

Quizá no debiera esperarlo desnuda con mis firmes senos apuntando a su razón. Con mi piel blanca y tersa deseándolo. Tal vez no sea oportuno sonreirle con tanta dulzura cuando el cansancio le vence y llega a mi, pero no puedo hacer otra cosa… y se que lo asusto, que no quiere enamorarse de un sueño.

Pero yo me niego a mi misma y se que estoy enamorada y le enseño mi pubis rasurado y lo despierto empapado. No dicen que el amor lo puede todo, yo quiero existir para él y ya no me importa la chica de la piscina. No es un amor puro porque entonces dejaría que volase, pero no puedo evitarlo y de alguna manera tengo que encontrar la manera de existir para él.

Ahora se que sufre, le gusta Midori, la chica de la piscina y yo muero de celos. Él no comprende que le está pasando y se aferra al no sueño como el pez espada de “El viejo y el mar” al bote, pero así morirá devorado por la locura. Tiene que darse cuenta que me quiere… aunque solo sea un sueño.

El no sueño

La impronta del no sueño empieza a afectarme. Llevo 17 días sin dormir. No es insomnio, no encuentro motivos que me induzcan a pensar en ello, tan solo es que no duermo, me acuesto y espero a levantarme sin más. Sin embargo desde hace dos días me envuelve una tormenta de arena que me atenaza. Mis movimientos se ralentizan y mi razón viaja al sinsentido. Respiro ahogadamente y la realidad pesa, se condensa y me despelleja. La arena atiza mi ser.

He vivido otros “no sueños”. Jamás he visitado al médico. Para qué? Me va a decir que lo que me ocurre no existe, no está tipificado en los manuales. No me ha importado hasta hoy, pues nunca me hallé rodeado de tormenta, eran periodos asumibles de no más de una semana. Siento que si los días desérticos se prolongan encontraré problemas haciendo cola para atravesar en cruz mi cerebro.

El miedo no ayuda, es un acelerador metabólico de destrucción, pero no puedo ahuyentarlo. Es parte del desierto, del proceso. Cada paso, cada día, me acerco a la locura, y soy consciente de ello. Lucho por vencer al pánico. Dos días, me digo a mi mismo, llevo así dos días, no son demasiados, quizá cuando el abismo se abra duerma. Un mecanismo de control. A ratos me lo creo… tal vez sea parte del proceso.