Pescadores

Solo tenemos 19 años y una vieja vespa con la que serpenteamos por las viejas carreteras. Subidos en ella siento su fuerte abrazo. Anochece y su mirada torna líquida, como si quisiera decir algo que nunca dice.

Es viernes y el bullicio de las calles nos despierta de nuestras ensoñaciones. Nunca se lo que piensa ella, pero yo no quiero seguir la estela marina de mi padre, y aquí solo veo un futuro de redes y cañas.

– María, nos tomamos una cerveza en lo de “Peppo”? He quedado allí con Tomasso.
– No, prefiero que me lleves a casa
– Solo será una.
– No Guido, no.

Al dejarla en su casa, un suave beso en la mejilla y su mirada líquida.

Vuelvo al viejo acantilado y recuerdo los días de paseos prohibidos, de viento y salitre intentando ver a la sirena de Tomasso mientras reíamos por cualquier tontería. La luz de la luna apenas ya me deja vislumbrar el pequeño puerto de barcas marchitas y la costa recortada se funde en un picado mortal con la mar.

Solo en un pueblo marinero se envejece así, sin darte apenas cuenta… Me revuelvo lentamente, echo un último vistazo y me alejo de allí.

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Algo de “Sorrento”

Nací entre escamas y redes… después de muchos años presiento que no es fácil escapar a tu destino. Tal vez, seguramente, no hice bien las cosas y ahora solo veo días de espuma y salitre por delante.
Mi historia no es extraordinaria, pocas lo son. Idas y venidas marcadas por la arrogancia de la juventud. Hambre de mundo y ningún sentido alerta.

Se acerca el otoño, ya hace tres meses que volví a casa. El viento se levanta y me arrastra hacia mis amigos. Tengo que volver a encontrarlos, volver a saber quienes son.

  • Guido, ven conmigo.- Grita María

María, la bella olvidada, toda la vida en el pueblo. Pero quien soy yo para criticar nada si solo he ido de mar en mar, de barca a barca. María quizá comprendió que la vida está dentro de uno, que no importa donde estés. La verdad, yo ahora mismo no se nada.

  • Ya voy.- me acerco hacia ella, está sentada en una roca, despeinada y mirando el mar.
  • Es precioso, verdad?
  • Es otro mar, nada más.
  • Claro, el marino harto de serlo.- ríe burlona.- Por qué eres tan aburrido?
  • Joder María! No estoy para sermones.
  • Nunca lo estás.

Me levanto y me alejo paseando por la orilla, estoy descalzo y dejo que la espuma me acaricie, el sol se está poniendo, en verdad es hermoso esto, pero ni siquiera soy capaz de decirlo. Me vuelvo hacia ella.

  • Perdona… yo…
  • No te preocupes, no pasa nada.

No es verdad. Ocurre que soy un idiota. Sigo caminando salpicado por la angustia. Pienso que mañana hablaré con ella.

Guido (Sorrento, 1987)

El acantilado, viento y mar en paseos prohibidos. María, a regañadientes, viene conmigo y nos quedamos absortos ante la belleza del mar de las sirenas. El pequeño puerto cobra vida con el ir y venir de las barcas. La costa recortada fundiéndose en un picado mortal en las aguas. Y nosotros riendo.

  • Guido. Por que siempre quieres venir aquí?
  • No lo se, tal vez me gusta ver como no se acaba nada.
  • Que quieres decir?
  • Estas vistas son preciosas, verdad? Pues yo también veo lo que no abarcan mis ojos.
  • Ya, sueñas con lo que hay más allá.
  • Si, supongo que si.
  • Eres un soñador tonto.

Solo tenemos 17 años y una vieja vespa con la que serpenteamos por las viejas carreteras. Subidos en ella siento su fuerte abrazo. Anochece y su mirada torna líquida, como si quisiera decir algo que nunca dice.

Es viernes y el bullicio de las calles nos despierta de nuestras ensoñaciones. Nunca se lo que piensa ella, pero yo no quiero seguir la estela marina de mi padre, y aquí solo veo un futuro de redes y cañas.

– María, nos tomamos una cerveza en lo de “Peppo”? He quedado allí con Tomasso.
– No, prefiero que me lleves a casa
– Solo será una.
– No Guido, no.

Al dejarla en su casa, un suave beso en la mejilla y su mirada líquida.

Guido (La isla, 2013)

Es tiempo de despertar, de dejar de ser un sueño. La sombra que no encuentro oculta en mi ceguera, no quiero verla, no quiero saber lo que arrastro. Reflexiones con aroma de ron caribeño mientras vuelvo con algo más que las redes vacías. Vuelvo hueco en el día igual. Las barcazas, los isleños, las cenas… ya no distingo nada atrapado en la isla infinita.

  • Guido como fue?
  • Nada, un desastre, no consigo pescar nada.
  • Pero en tu pueblo, no erais pescadores?
  • Mi abuelo, mi padre… ellos crecieron entre mar y escamas. Yo…
  • Déjalo, te irá mejor mañana.

Mañana irá mejor. El sol se oculta pronto en el Caribe, no existen las estaciones, lo cual acrecienta el sabor a hastío. Dicen que esto es precioso, playas de agua transparente, gentes risueñas… no lo se.
Yo solo perseguía un hilo que se rompió muy pronto. María, Tomasso, mi mar, mi gente…

  • Otra ronda?
  • No, yo ya no, me voy pa’casa chicos.
  • Añoras Italia, eh? Guido.
  • Tal vez…

Me retiro. Voy paseando lentamente hacia mi casa rodeado de rumor de María y de pasado.
Ariadna no estuvo más de un año conmigo, es posible que ni siquiera lo estuviera. Siempre fue demasiado inquieta, de mirada infinita.

  • Guido me voy al Caribe… me sigues?
  • No tengo nada que hacer aquí. Por que no?

Nunca olvidaré esa corta conversación. Una decisión directa a la locura. Era tan joven, tan arrebatado. Me compre una barca. Pescador con Ariadna. Que esperaba? Su hilo se desmadejo hacia los EE.UU. Y yo me quede con el ron y la barca.

Han pasado años… pero siento que estoy despertando de mi noche de escamas.

María (Sorrento, 1993)

Guido tira de su hilo,Tomasso habla con su sirena y yo… Yo duermo mientras miro el agua transparente, casi invisible, de mi mar. Duermo en una cama que quiero que huela a él. Duermo muda y no despierto ni aunque me estrangulen los hilos de acero en los que se pierde Guido. Se que sigue una madeja hacia el vacío, pero callo y duermo en mi mar, ese mar que pierde relojes pero no los encuentra, aguas de tiempo detenido.

  • María.- es Guido.- Has visto a Ariadna?

Solo oírle pronunciar su nombre abre un agujero dentro de mi

  • No, no la he visto.- Sonrisa de luna en los labios
  • De acuerdo, nos vemos a la tarde en lo de Peppo

Encuentro rápido en la arena, frases cortas, fugaces… eso somos ahora. No siempre fue así, pero eramos niños, niños salvajes corriendo risas por calles de piedra…

Dicen en el pueblo que soy bonita, una belleza napolitana. Nunca lo supe ni me importó. Solo quería correr y mirarlo, pero él despertó y yo seguí durmiendo.