Otoño, invierno…

He completado 2 estaciones, sin revisar, soy indulgente con la pereza, de lo que se supone que acabará en algo. Ya son unas cuantas palabras, así que si alguien se atreve… pues yo encantado.

Saludos

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Otoño, invierno…. PDF              Ilustración de Terry Fan

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Escarcha de invierno X

Daniel

“Soñando entre mundos”

Gra trastea. Gra está siempre trasteando, tiene 5 años. Es mi hija. María jode. María esta siempre jodiendo, ya es mayorcita. Es su madre.

En mi vida de perfecto divorciado la última nueva es que María durante dos meses se aleja 2000 km. y naturalmente se quiere llevar a la niña. No le voy a poner problemas, aunque es mucho tiempo sin ver a mi preciosa trasteadora… Había comentado que María jode?

La poesía de piedra orgánica ayuda a soportar mis horas muertas que se me antojan infinitas…como letras de mil páginas no escritas. Todos los días invariablemente me acerco a contemplar el templo y me quedo absorto, de alma desnuda y a veces, algunas pocas veces, lloro. Gra y La Sagrada Familia, hasta hace 30 días, no existía nada más.

Desde hace aproximadamente un mes un sueño recurrente me intriga y me tortura: Ella se acerca delicadamente hacia mi, siento su fragilidad, su angustia. Sus profundos ojos negros se detienen ante mi, inclina levemente la cabeza…juntando sus labios contra mi oído, mientras acaricia su cabello de noche cerrada, susurra: “Déjame que sea la herida abierta en tu cuerpo esta noche”. Unos instantes de quietud absoluta rodeada de mar. Ella desaparece y yo me hundo en el abismo como plomo de pescador… y ahogándome veo una isla… no tengo fuerzas para llegar a la costa y despierto al morir.

Todas las noches a las 2 de la mañana me ahogo. Gra está ya con su madre y la semana que viene hay unas ponencias sobre biología marina organizadas por la agencia europea para la conservación del medioambiente en las Azores. Había declinado la invitación, pero iré. En estos momentos las ballenas no me importan, pero es una posibilidad de abandonar mi naufragio. Se cual es la isla soñada. Casualidad? No creo, …más bien un puente. Un puente que tengo que cruzar y abandonar el aislamiento buscado que no me protege de nada. La poesía de piedra es eterna, yo no. No sería justo ni para Gra ni para mi abandonarme al vacío perpetuo, a la anodina opacidad.

Recorro las ramblas hacia el barrio gótico, la pulsión de la ciudad, las gentes y las piedras. El tiempo atrapado en sus retorcidas calles, dejarte llevar sin rumbo por su olor a viejo. Aprovechar que estás donde estás, eso me provoca este barrio… Por qué olvidamos tan fácilmente las cosas simples?

Llamo a Javier, pensaba ir solo… pero no busco acaso lo contrario?

  • Daniel! Cuanto tiempo joder. Qué haces tío, cuenta…
  • Naaa… ya me conoces, sufrir en silencio.
  • Ya, como la almorranas, siempre igual…
  • De eso quería hablarte, de cambios. Tienes libres los próximos días?
  • Hombre… siempre voy por libre ya lo sabes. Por?
  • Nos vamos a las Azores el jueves, pago yo, bueno el instituto. Los billetes y el hotel, 2 noches.
  • Y me eliges a mi? Si que estás jodido.
  • Pues no me jodas tu más y vente.
  • Vale, vale. Te llamo mañana y te digo algo.
  • De acuerdo, hasta mañana pues.

El sol de invierno nos acompaña por el océano.

Escarcha de invierno IX

Nuria

“Realidad alterna”

Abro los ojos lentamente ante la realidad distinta. Aparentemente todo sigue igual. He examinado minuciosamente todo lo que me rodea, apenas un ligero cambio de percepción, cómo si la intensidad del color hubiese bajado un tono.

Me esfuerzo en ser yo. El frío sudor desaparece pero se mantiene la película pegajosa cubriendo mi cuerpo. Hay gente que dice haber visto la muerte, la luz, el túnel, su vida en 5 minutos… y siguen su vida aparente. Qué he visto yo? Una ciudad irreal con sus fantasmas, el mío incluido, acompañada por una incongruencia borrosa con gabán. No importa, no hay determinismo en ello, creo que nada es definitivo… ni siquiera real.

Establezco prioridades: Daniel, el reportaje, la policía; exactamente por este orden, lo demás ya se verá. El agua, siempre el agua fría, me limpia. No dedico mucho tiempo a nada más, salgo volando hacia el observatorio. No se porque, pero me viene a la cabeza el comienzo de la novela de Soseki que estoy leyendo “Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre. No se dónde nací.”

Al llegar al OMA pregunto por Daniel… es extraño nadie parece conocerlo. Me encuentro a Silvia, viste un sencillo y elegante vestido corto, unos preciosos zapatos de medio tacón y el cabello medio recogido. Joder! Chic y formal. No puede ser ella, no la conozco demasiado, pero vamos… Pasa delante mío sin reconocerme.

  • Silvia!
  • Si, dígame.- Me reponde cortésmente.
  • Silvia has visto a Daniel.
  • Perdone. Daniel? Srta. no se estará confundiendo. No me consta que trabaje aquí nadie llamado así.
  • Disculpe. Si será un error, perdone.
  • No hay de qué. Por cierto, cómo sabe mi nombre?
  • Se parece usted mucho a la compañera de trabajo de la persona que busco. Una casualidad supongo.
  • Ah! Bueno. Que tenga suerte.- y se aleja sonriendo con los tacones

Busco refugio, mi temblor y mi angustia crecen exponecialmente. No entiendo, no comprendo, un nudo que me asfixia, la pesadilla recurrente… agotada pateo las calles hasta el embarcadero, con suerte llegaré a la salida del mediodía, voy a ver las ballenas, quiero verlas volar. Recojo oxigeno por donde puedo… poco a poco siento algo parecido a estar relajada. Es entonces cuando llamo a la agencia; la respuesta fatídica, nunca he trabajado allí. A la policía ya ni voy, en este mundo no existo, o si lo hago, no se quien soy todavía. Me acuerdo del gato de Soseki.

La puta escala cromática después de tres gin tonics sigue a la baja. Me voy tambaleando a mi apartamento. Definir todos los acontecimientos que han ocurrido en 24 horas es imposible. Creía que era imposible pero duermo profundamente… sin sueños

El amanecer nace ligeramente decolorado, comprendo que sigo ajena a mi mundo. Lloro un llanto amargo que nace de las entrañas. En mi omoplato izquierdo el Yin y el Yang. Cruce de destinos, nuevos recuerdos invasores diluyen mi vida. Se que los recuerdos cruzados desaparecerán y con ellos el rastro de la antigua Nuria. Mi sombra me avisó, algo me escindió hace muchos años.

Tengo que volver…

Escarcha de invierno VIII

“La vida colapsada”

A las 5 de la madrugada nada importa. El viento tímido es la única discordancia en la perfección de esta noche vacía. El caos me acorrala, y aunque me muevo bien en él, hoy mis fuerzas menguan. Nuria ha desaparecido, hace ya cuatro días que volvió a la ciudad, según Javier estuvo muy alterada… discutieron varias veces. En el aeropuerto se despidieron sin más. Nadie ha vuelto a saber nada de ella. Se ha registrado lo que se tenía que registrar, se ha buscado donde había que hacerlo. Yo de procedimiento policial no se nada, pero la isla es muy pequeña, no creo que haya nada que reprocharles. No hay indicio alguno, ni asesinato, ni suicidio, ni nada… simplemente no está.

Todo es irreal a mi alrededor, nada más Silvia me reconforta, lo cual solo acrecienta mi confusión. Se rompe el equilibrio y sus trozos me ametrallan. En los escasos minutos que logro conciliar el sueño siempre la misma imagen recurrente:
veo a Silvia con su nuca descubriendo la pequeña mariposa, esta empieza a temblar, sus alas son lo primero que despegan de su cuerpo…finalmente la mariposa escapa de su bella cárcel y se posa suavemente en mi mano. Despierto agitado… desconcertado… asustado.

Me abrigo dispuesto a afrontar la noche oscura. Solo oigo mis pasos en la ciudad muerta. En una hora amanecerá, con la luz volverá la vida, todo seguirá su curso. Pero, qué curso sigo yo? Nuria me ha despertado. A qué? Para qué? Muero un poco por dentro al no saber, al no hallar explicación a su ausencia. Nuria… su reflejo turbador en mi mente, no es que quisiera acostarme con ella, por lo menos no todavía, simplemente quería oír su voz de burbujas, ver su sonrisa y su risa, querer estar con ella todo el día. A veces todo pasa demasiado rápido, movimientos circulares, pensamientos erráticos, todo mezclado en vaso largo y estalla el poco raciocinio que te queda, no es excusa, pero acaso podría explicar que en estas extrañas circunstancias, en estos jodidos momentos… Silvia. A veces solo quieres respirar y amar.

Son las 9, deambulando de madrugada y sin conciecia alguna llego al trabajo.

  • Daniel, buenos días. Te encuentras bien? Tienes mala pinta. Lo estás pasando mal, lo se… pero tienes que cuidarte. Sabes algo de Nuria.- Todo de sopetón, un buen desayuno.
  • Hola, buenos días… ya… me cuido, no te preocupes, solo una mala noche.
  • Te ha dado fuerte, eh! Amigo. Perdona, no tendría que haber dicho nada.
  • No te preocupes
  • Si me preocupo, tienes que hacer algo por ti. Daniel por favor!
  • De acuerdo, pero no se si soy yo quien decide.
  • Entonces ves a un médico, a un psiquiatra… algo… yo qué se? Llevas ya casi una semana de pena.

Tiene razón, pero no hay luz donde miro y mi obsesión por ella es creciente, pienso en saltar barreras, romper miedos, abrazarla y besar sus cálidos labios, acariciar su nuca, sentir su respiración.

  • Silvia no me encuentro bien…
  • Estás temblando. Vamos te llevo a urgencias. En 5 minutos estamos.

Todo es pánico. Mi vida se colapsa

Escarcha de invierno VII

Nuria

“El tiempo no importa demasiado”

Una calle oscura y fría transitada por la desdicha. Estoy sola, los charcos que ha dejado la lluvia son barro crujiente, el humo de las chimeneas es denso y amargo. No es una calle de hoy, los pocos paseantes de mirada huidiza que se cruzan visten harapos malolientes y todo esta impregnado de un fuerte olor de cloaca. Siento en mi hombro la presión de una mano, me quedo lívida, mi corazón se dispara…

  • Siento haberla asustado señorita. Por favor tranquilízese…
  • Dónde estoy? Quién es usted?.- palabras atropelladas
  • Eso debería de saberlo usted.
  • Por favor no me joda
  • Tal vez no sea ningún lugar que usted suponga…

Me dejo arrastrar como un títere por callejuelas retorcidas, apenas iluminadas por la tenue luz de los candiles que traspasa los sucios cristales de las casas. Mi acompañante es alto, viste un gabán raído con solapas levantadas que le cubren el rostro. Un rostro que apenas puedo intuir, saca de un bolsillo una cajetilla blanca de cigarrillos. Mis pulsaciones disminuyen mientras intento comprender lo que sucede, este hombre posee un magnetismo tranquilizador, su tono de voz pausado actúa en mi como un mantra. Me atrevo a hablar.

  • Cigarrillos, aquí?
  • Si. No estamos en el pasado, si es eso lo que piensa.
  • Bueno…entonces?
  • Yo estoy aquí porque usted esta aquí. Ya lo comprenderá.
  • No puede ser más claro? Le he visto alguna vez? .- Es extraño pero me resulta familiar.
  • Es posible… pero creo que dentro de unos años. Sabe, el tiempo no importa demasiado.

Que esté tranquila no quiere decir que al mismo tiempo mi cordura no desaparezca. Se supone que debería estar en Faial, y sin embargo no importa el tiempo. Ayer mismo era lo único que me preocupaba…Es de locos.

Al girar una esquina para frente a un portal desconchado, el barro escarchado ya cubre nuestro calzado.

  • Ahí es. Ya llegamos.

Entramos en una vieja y mugrienta casa de una planta. Hay una chimenea con apenas brasas, siento un gélido viento recorriendo mi espalda. Es una estancia pequeña apenas amueblada con tres cochambrosas sillas. Los acordes de “Air” de Bach se filtran por una puerta lateral. Él me mira, sigo sin distinguir su rostro, me indica que traspase la misteriosa puerta.

  • Qué voy a encontrar detrás?
  • Por qué cree que suena Bach?
  • Es una de mis piezas favoritas de música barroca.
  • Eso forma parte de la respuesta.

Giro lentamente el pomo, la música se intensifica a medida que la puertucha cede con un horrible chirrido. Dentro el aire es sólido, apenas respiro, la música se intensifica y distingo mi propia sombra, una sombra dividida, angustiada, terrible. Terror!, siento verdadero pánico cuando ese ser intenta traspasarme, fusionarse conmigo. Mi cuerpo no reacciona, la música desaparece, solo oigo mi respiración jadeante… Luego nada.

Despierto en mi pequeño apartamento en Horta. Mi respiración se va acompasando, un sudor pegajoso y helado cubre todo mi cuerpo. No he soñado, ni se cuanto tiempo ha pasado, pero se lo que he visto… y tengo miedo.