Experimento S3-115. Nombre clave “Naoko”

En la amplia habitación no hay nadie salvo el durmiente. Kizuki descansa plácidamente a pesar de todos los diodos que lo monitorizan. En el fondo de la estancia hay una gran pantalla. Ahora hay muchas interferencias pero se puede observar los movimientos de una mujer que despierta. Poco a poco la imagen se vuelve más nítida, es una joven de unos veintipocos años acostada en un mullido sofá blanco. La chica se despereza, se levanta y sonríe.

Un edificio moderno de mármol blanco acoge las instalaciones del Instituto. Ubicado en medio del silencio apacible de un lugar perdido, oculto. No hay ningún acceso por carretera. Frondosos árboles lo rodean y un pequeño riachuelo serpentea con sus claras aguas. En un pequeño claro se ve marcada una “H” donde desciende un helicóptero. Desde el helipuerto hasta la entrada principal del edificio habrán unos 300 metros cubiertos por un camino que ahora recorren dos personas. Una mujer esbelta vestida con un elegante traje chaqueta gris perla y un hombre de mediana edad de bata blanca.

Ella le dirige una mirada inquisitiva. Él se encoge de hombros. Entran en el edificio. Apenas hay personal dentro. Una mujer de mirada ansiosa les recibe.

  • Srta. Sayuri. Doctor Miura. Les estabamos esperando. Parece que el paciente empieza a responder positivamente al nuevo tratamiento.
  • Estupenda noticia. – Apunta Akemi Sayuri con afabilidad.

El doctor calla y sigue los pasos de las dos mujeres taciturno. No es un hombre de optimismo innato y sabe que todo progreso hay que tomarlo con cautela. Lo que tienen entre manos les puede estallar en cualquier momento…

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Deseo de Naoko

Es tarde, el sol desaparece y las ventanas se abren dejando entrar la suave brisa de verano. No lo puedo ver pero lo siento en ti. Mi vida son menudos fragmentos de tus pensamientos pero les voy dando forma y siento que existo. Tu en cambio crees que te estás volviendo loco. La verdad es que estás tonto. Quizá si te esforzases un poco podría existir en tu mundo, para empezar ya tengo algo que podría llamar consciencia.

Conoces la teoría de la materialización? Claro, yo lo se por ti! Bueno no la entiendo muy bien pero es algo así como que los pensamientos son capaces de crear materia. Me suenan los nombres de Gödel y Jung y que por ahí aparece la mecánica cuántica y unos cuantos teoremas. Anda esfuérzate un poco más. Solo quiero existir para hacerte feliz y tal vez sentir el viento en la cara.

El cuerpo de Naoko

Senos pequeños y firmes, moldeados como se que te gustan. Mi cintura estrecha, como de avispa, se abre en unas caderas no demasiado anchas pero si lo suficiente para formar la curva de tu deseo. Lo se pues oigo tu sueño todas las noches y no busco otra cosa que a ti, me trazo en líneas cálidas para ti. El pelo negro y liso cae a la altura de mis hombros y mis ojos rasgados anhelan cruzarse con los tuyos. No soy demasiado alta, pero mi cuerpo es armónico y mi vientre plano suspira las caricias dulces de tus dedos. Soy Naoko, soy tu sueño.

Naoko y Kizuki

Naoko

Las puertas se cierran, siento la presión del aire a mi alrededor, me oprime y estoy sola en la nada veteada de locura y entonces grito desesperación. Mis fragmentos desconexos de su mundo no me reconfortan cuando él, Kizuki, está despierto. Se que coge un desvencijado coche todas las mañanas y escucha jazz mientras transcurren los kilómetros hacia un complejo industrial de polución, cemento, cristal y humo. Lo último que recuerdo es oírle tatarear “La vie en rose” de Edith Piaf.

Su vida es puñeteramente oscura y yo solo puedo quererle en sueños. Bajo la sombra de un abedul me desnuda y hacemos el amor, quizá demasiado tiernamente, soy muy lujuriosa, lo cual me induce a pensar que está un poco reprimido. Es un chico tímido y debe tener problemas de soledad, eso me da mucha pena, pero por otra parte se que así tengo más posibilidades de tenerlo. Es egoísta, lo se. Pero que tengo yo, si no a él?

Kizuki

Mi vida social se resume en una palabra: nula. Estoy cansado, muy cansado de Nagoya. Solo hablo con el compañero de trabajo con el que comparto donuts y me cuenta las penas estúpidas de cualquiera. Que si su mujer quiere organizar una fiesta… que si el niño pequeño no le deja dormir… que sus amigos son unos aburridos bebedores de cerveza amantes del beisbol. Y a mi que? Yo solo tengo un sueño erótico recurrente que me insinúa que soy mal amante. Ya daría yo dinero por una cerveza con charla de beisbol.

Me he apuntado a la piscina del barrio, espero conocer gente. Dos años aquí son bastantes para empezar a despertar. No puedo vivir de vinilos antiguos de jazz, sueños y donuts.

Siempre pensé en trabajar en una ciudad grande, que así sería más fácil conocer gente. Cuanto me equivocaba, aquí solo viven millones de desconocidos que no se miran a la cara cuando se cruzan. Millones de hormigas en procesión. Millones de insectos en la gran colmena. Y yo soy el rey de esos estúpidos bichos.

La muerte de Naoko

La tierra me engulle mientras la ciudad en negro despierta, yo no lo hago, no puedo. Cojo mi viejo mazda y me acerco a la playa. Yo, el graznido de las gaviotas y el aire denso. La soledad era eso, respirar aire espeso que ahoga, ahora lo se. Naoko se ha ido para siempre, no supe seguir sus pasos erráticos de princesa yaciente.

Hace frío y me golpea el rostro pero apenas lo siento. Dos paseantes me observan mirar el mar vacío. Quizá despierte, quizá la tierra me devuelva a la vida, pero eso no ocurrirá hoy.