La muerte de Naoko

La tierra me engulle mientras la ciudad en negro despierta, yo no lo hago, no puedo. Cojo mi viejo mazda y me acerco a la playa. Yo, el graznido de las gaviotas y el aire denso. La soledad era eso, respirar aire espeso que ahoga, ahora lo se. Naoko se ha ido para siempre, no supe seguir sus pasos erráticos de princesa yaciente.

Hace frío y me golpea el rostro pero apenas lo siento. Dos paseantes me observan mirar el mar vacío. Quizá despierte, quizá la tierra me devuelva a la vida, pero eso no ocurrirá hoy.

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Átropos

Desde hace dos semanas todas las noches visito a la muerte. No es un sueño, bajo a buscarla al mismísimo Hades, se exactamente lo que significa no poder vivir sin alguien. Todas las noches muero. Al adentrarme en esta húmeda oscuridad el silencio me sobrecoge, poco a poco voy descubriendo quedos susurros, voces apagadas, sordas. No me planteo la extrañeza del lugar, mi pensamiento solo tiene un destino.

Una mano detiene mi paso agarrándome suavemente del hombro, giro sobresaltado y descubro una hermosa joven de cabello negro, no distingo ni frío ni calidez en ella. Una sonrisa neutra articula palabras en mi mente.

Átropos, se llama Átropos y corta el hilo de la vida.

  • La vida era eso?- No se me ocurre preguntarle otra cosa.
  • Eso? Su vida no ha acabado.- Hielo en su voz. – Usted no debe estar aquí.
  • No hay vida en mi… ya no.
  • No es de mi incumbencia, su hilo no se cortará en tiempo. Váyase!

Escena recurrente. Siempre igual. Átropos parece no ser consciente del tiempo repetido.

Aparezco en casa, se que estoy muerto… ella no lo sabe. Mañana volveré a visitarla.