Tomasso, Parténope (Sorrento, 1979)

La soledad de agua se refleja en sus ojos. Antes se acercaba a la costa al atardecer y observaba fascinada como los acantilados se iluminaban débilmente con luces dispersas de pequeños pueblos que la habitan. Ahora está cansada, a veces se acerca a una pequeña cala y habla con Tomasso. Él le cuenta historias, como la de un escritor danés que soñó una sirena que por amor pudo adentrarse en tierra firme. Ella hace tiempo que dejo de amar, solo nada y escapa.

  • Tienes que creerme.- su voz infantil la estremece.- algún día podrás ver el mundo. En Nápoles hay una bonita plaza con una estatua en tu honor… quiero que la veas, es preciosa… aunque la verdad, no se te parece mucho.

Ella asiente y le sonríe, da media vuelta, nada y escapa.

  • Parténope!!!.- Grita Tomasso.

Ya no está, solo queda su rastro de estela que desaparece al poco tiempo.

  • Jo!! Que tímida es.- Se dice para si mismo.- O es que está muy triste.

En las profundidades llora, no encuentra mucho consuelo, ha recorrido miles de mares y ha vuelto a casa vacía. De esperanza y de recuerdos. Han pasado tantos años que todo se diluye. Las lágrimas en el mar, y su vida en el océano. Es la última sirena, lleva incontables años siéndolo y está muy cansada. Se deja arrastrar por la corriente, su bello cuerpo inerte despierta … y la misma agua cálida mediterránea. Piensa en su joven amigo, en la inocencia, en creer…

Tomasso apenas tiene diez años, cuerpecito desgarbado y cara pícara. Quiere ayudar a su amiga pero no sabe por donde empezar. Tal vez leyendo todo lo que existe sobre sirenas.

Los susurros de mar le convertirán en marino, o eso sueña, ser marino buscador de sirenas.

  • Guido, María, he vuelto a ver a la sirena.

  • Tomasso, no digas mentiras.- dice María alejándose

  • Yo si te creo.- Le contesta Guido.- Pero igual mejor nos lo guardamos para nosotros.

Mientras el cena cualquier cosa de niño pobre. Parténope gira enfebrecida en su mar de sueños rotos.

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Laberinto

Ella no esperaba que todo acabará de aquella forma. Ahora, con la mirada fija tras el cristal, se halla en el centro del laberinto de fragmentos de su alma rota. La lluvia arrecia mientras desvanece el día en blanco y negro, uno más, ha perdido la cuenta. Gotas estrelladas contra su ventana, le apetece abrirla, empaparse, quizá para sentir, sentir algo más que su vestido de tristeza desnuda.

Ariadna lo dejó todo por la maldita insensatez de libertad, es tarde, pero sabe que ya era libre con él, cuando corrían por calles dobladas riendo, cuando… simplemente se miraban.

Un día, sin previo aviso, cogió aquel avión a Creta y ni siquiera guardo una madeja de hilo para poder volver. Un sueño, un mito. Qué perseguía? No lo sabe. Durante dos meses el sol iluminó su cara de sexo, alcohol y ritos. La cálida agua entumeció sus sentidos y ojos de mar la atraparon. Ulises, las sirenas… quién sabe? Pero lo cierto es que nunca encontró a Teseo. Cuando el deseo, el sueño se filtró por su piel fue otra, pero todos los sueños terminan y ha despertado sola en medio de su laberinto.

Ariadna (La isla, 2013)

Regresar, siempre pienso en regresar. Doce años en esta isla de azul y palmeras, de nada y silencio. Laberinto cerrado. Llegué un día cualquiera siguiendo su hilo. El hilo de Ariadna… una mezcla de risas, belleza, juventud y promesas. Hace tiempo que ella se fue. Yo me comuniqué con el ron isleño y no supe ni pude seguirla.

Fue la imprudencia de amor, o acaso que yo vivía los tiempos deshabitados cuando irrumpió en mi vida arrancando de cuajo mi raíz de tierra? Tantas veces me he preguntado que fue lo que me llevo tras ella como un loco. No puedo discernir mis motivos, en estos vaporosos momentos no.

Aquí salgo todos los día a pescar con otros hombres. Soy el único que no desea que el barco vuelva. A días anhelo navegar a la deriva y oír el canto de Parténope, pero las sirenas habitan otros mares que se me antojan lejanos. A días, las más de las veces para ser sincero, simplemente mezclo melancolía y alcohol.

La isla me atrapa, me ahoga, me condena… no, no me condena, eso ya lo hago yo solo; pero los días claros trazó planes. Planes de tinta emborronada con el aroma de Ariadna y el sueño del viento de Sorrento.

Átropos

Desde hace dos semanas todas las noches visito a la muerte. No es un sueño, bajo a buscarla al mismísimo Hades, se exactamente lo que significa no poder vivir sin alguien. Todas las noches muero. Al adentrarme en esta húmeda oscuridad el silencio me sobrecoge, poco a poco voy descubriendo quedos susurros, voces apagadas, sordas. No me planteo la extrañeza del lugar, mi pensamiento solo tiene un destino.

Una mano detiene mi paso agarrándome suavemente del hombro, giro sobresaltado y descubro una hermosa joven de cabello negro, no distingo ni frío ni calidez en ella. Una sonrisa neutra articula palabras en mi mente.

Átropos, se llama Átropos y corta el hilo de la vida.

  • La vida era eso?- No se me ocurre preguntarle otra cosa.
  • Eso? Su vida no ha acabado.- Hielo en su voz. – Usted no debe estar aquí.
  • No hay vida en mi… ya no.
  • No es de mi incumbencia, su hilo no se cortará en tiempo. Váyase!

Escena recurrente. Siempre igual. Átropos parece no ser consciente del tiempo repetido.

Aparezco en casa, se que estoy muerto… ella no lo sabe. Mañana volveré a visitarla.