La chica cuántica

La chica cuántica vive en las arenas de Marte, quizá espere encontrar algún día el espíritu de David Bowie, vete a saber. Lloró mucho cuando, sin previo aviso, un enorme silencio la envolvió torciendo su frágil figura, lo se porque estaba allí, con ella. Hace frío en su corazón ahora y ya no llora, se cansó de hacerlo y se puso un traje de rosas con espinas.

Aún dice que me quiere pero creo que no es más que un soniquete. La verdad es que no hablo demasiado con ella, la distancia supongo, hay 56 millones de kilómetros cuando nuestros planetas se encuentran más cerca y siempre le ha gustado escucharme a través del aire. Eso no ha cambiado.

El vacío del espacio la adormece y piensa en si realmente es está pureza nítida lo que buscaba. Sus átomos están completamente libres de cualquier interacción que puedan cambiar su estado puro, pero eso no siempre la consuela. La última vez que la vi, un día de otoño marciano, bailaba. Me recordó nuestros paseos nocturnos de carreras, risas y sueños… mis ojos se humedecieron un poco.

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