Infancia

  • Creo que no me apetece mucho crecer.
  • Crecer no es el problema, el problema es olvidar.
  • Bueno… yo lo decía por las arrugas.
  • Ah! Pues se me han olvidado los cosméticos.
 Fragmento de “Desmontando al principito” de Tone Kihara
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La chica cuántica

La chica cuántica vive en las arenas de Marte, quizá espere encontrar algún día el espíritu de David Bowie, vete a saber. Lloró mucho cuando, sin previo aviso, un enorme silencio la envolvió torciendo su frágil figura, lo se porque estaba allí, con ella. Hace frío en su corazón ahora y ya no llora, se cansó de hacerlo y se puso un traje de rosas con espinas.

Aún dice que me quiere pero creo que no es más que un soniquete. La verdad es que no hablo demasiado con ella, la distancia supongo, hay 56 millones de kilómetros cuando nuestros planetas se encuentran más cerca y siempre le ha gustado escucharme a través del aire. Eso no ha cambiado.

El vacío del espacio la adormece y piensa en si realmente es está pureza nítida lo que buscaba. Sus átomos están completamente libres de cualquier interacción que puedan cambiar su estado puro, pero eso no siempre la consuela. La última vez que la vi, un día de otoño marciano, bailaba. Me recordó nuestros paseos nocturnos de carreras, risas y sueños… mis ojos se humedecieron un poco.

Noche disonante

Hay claros indicios de que las lunas ya no son para mi. Alejandra me regaló una serie de golpes al hígado rematado con un crochet de derechas directo al mentón…y se despidió con esa suficiencia suya tan jodida, por lo menos la puñetera tiene gracia. Más tarde, ya en el bar, me encontré con Sara que me puso la cara roja diciéndome que soy una rata gorrona y mientras me agachaba buscando la dignidad que se me caía de los bolsillos descubrí una pequeñita monísima de la muerte con aire caribeño que, naturalmente, no me hizo ni puñetero caso. Seguí agachado durante un buen rato.

Los servicios hervían con excitación blanca. Idas y venidas imparables… Todo el mundo hasta el culo. Que pintaba yo allí. Mi amigo “J” intentaba luchar contra la adversidad mientras yo abandoné el barco, ya con claros signos de inundación, a las 4 de la mañana.

Para más inri mi despareja me envió un wasap moñas de buenas noches desde Granada… Y yo a las 8 despierto como un gilipollas resacoso.

A veces las señales son evidentes, no debería haber estado allí… Por lo menos bailé un par de temas a mi ritmo loco. Y esta noche fiesta… Si es que no aprendo nunca.