De faunos y ninfas

Hace poco una amiga me comento desdeñosamente que se divorció porque el amor desapareció por una esquina, por lo menos no se escapó por una alcantarilla que hubiera sido peor supongo. Esto es un hecho demasiado frecuente. Lo que no tengo tan claro es si es el amor o la burbuja feromonal lo que se desinfla y nos lanzamos a buscar nuestro propio yo, otra burbuja o queremos ser budistas.

Quizá, y digo quizá porque me cuesta entender los comportamientos del alma humana, nos haga falta algo de educación sentimental. El tedio llega, nadie duda que la convivencia puede ser una gigantesca termita, pero tengo claro, y aquí no dudo, de que nos dejamos arrastrar muy fácilmente por el hastío y no nos esforzamos demasiado en enderezar rumbos.

No digo que no haya que romper relaciones cuya deriva sea insostenible, de hecho creo que el matrimonio tendría que formularse como un contrato renovable. Pero si no andamos con cuidado este mundo se parecerá pronto a un bosque griego donde los faunos perseguiremos a las ninfas y las ninfas acecharán a los faunos sin ataduras ni anclajes. De burbuja en burbuja vamos.

Aunque a mi la mitología siempre me ha encantado, cuando llegas a la edad tardía y los cuernos, del fauno me refiero, se reblandecen no se yo si el amor campestre es la mejor solución.

Hoy desayunaré raíz de maca con vino tinto, porque a mi pesar o no, hoy por hoy ando perdido por uno de esos bosques mitológicos de ninfas liberadas.

Fragmento de “Pensamientos entrópicos a la hora del desayuno” del sr. Tonooi.

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Neoliberalismo

Estaba pensando que lo que parecía uno de los mayores y mejores acontecimiento del siglo XX, el fin de la guerra fría, con el desmembramiento del bloque soviético, la caída del muro y demás detalles técnicos, no sea acaso una de nuestras peores pesadillas.

Digo esto porque ha dejado al neoliberalismo sin contrapeso y ahora deambulamos atrapados en su miseria, la cual no voy a detallar aquí… Solo diré que llegados a este punto de esclavitud económica, es normal que los demonios están pactando a la baja el precio de nuestras almas, ya no valen la juventud, la fama o escribir la mejor novela, de hecho, un amigo mío vendió la suya por un carajillo bien hecho una noche de viernes.

Claro está que mi opinión no importa una mierda porque imagino cosas y a veces, unas pocas para ser sincero, me siento libre.