Elogio de la mentira

Sin mentira no cabe imaginar ninguna relación social, no cabe imaginar una sociedad en la que la mentira estuviera negada.

La mentira es un refugio en el que podemos hacer habitable el vivir en sociedad y relacionarnos con los demás. Permite que lo social funcione.

Es muy bella la verdad. Es muy necesaria la mentira. Es amoral? Tal vez, pero observa el mundo y piensa cuanto dudaría si solo existiera la verdad… Que por otra parte tiene mil caras. Son todas estas caras verdad?

Lo que demanda un elogio es que la mentira nos permite relacionarnos con los demás. Si no, en las relaciones sociales estaríamos completamente expuestos a los demás, seríamos totalmente transparentes, y eso es invivible.

No pretendo hacer una apología de la mentira, tan solo constatar que muchas veces es inevitable e incluso saludable.

Hay una tradición de condena moral de la mentira y eso va a acompañado de algo que no se dice tanto, que es una especie de proyecto político disciplinario, de tal forma que no debemos mentir, porque si lo hacemos, ocultamos algo. Sinceramente esto no siempre es así.

Hay que combatir esta histórica condena moral de la mentira. Y en muchos casos la línea que separa la verdad de la mentira es tan solo una percepción subjetiva de las personas.

Lingüística

Me interesa la lingüística. Creo que el lenguaje condiciona nuestro comportamiento.

Por ejemplo: si no existiese la palabra “guerra” es posible que fuéramos más pacíficos, y si no existiera la palabra “rencor” escaparíamos más fácilmente de nuesta propia cárcel.

Creo que voy a restringir poco a poco mi vocabulario… pero hoy me apetece desayunar sopa de letras.

Fragmento de “Pensamientos entrópicos a la hora del desayuno” del sr. Tonooi

El margen de la locura I

Hace años que ocurre: me desdoblo.
No se como, no se porque. Lo único cierto es la extraña similitud de mis distintas realidades.

Hoy, con un poco de alcohol, siento la necesidad de contarlo, es algo que me explota, que, aunque sea increíble, no puedo callarlo ya.

No estoy seguro del todo del orden de los acontecimientos, pero creo que así empezó todo:

Circulo solo por la vida. Mis amigos me aburren, siento ser tan crudo, pero cinco años perdiendo el tiempo de mil maneras estúpidas son muchos. Llegó el momento de respirar sin ellos.

La calle está silenciosa esta noche, no creo que se anime la cosa, se intuye de plomo. Salgo solo, algo que se está convirtiendo en cotidiano. No lo pienso demasiado. Me acerco a “La casa de hojas”, es un bar de copas de buena música y gente conocida, todavía no soy un solitario de licores nocturnos.

No quiero explayarme, no quiero adornos, no voy a describir nada. Me limitaré a decir que la pelirroja está sentada en un taburete de barra con una amiga, una amplia sonrisa y una chupa vaquera. Me mira sin apenas disimulo, hay poca gente y me acerco a contarle lo que se me ocurre, sin demasiado sentido supongo. Algo se dispara en mi, intento que no lo note. Después de dos cervezas y una conversación ya más afortunada me invita a acompañarlas a cenar a un bar cercano. Nos divertimos e insinúa donde podré encontrarla. Demasiado rápido para mi tasa de éxito, pero a veces la vida te sorprende.

Fue el primer punto de inflexión…