El margen de la locura I

Hace años que ocurre: me desdoblo.
No se como, no se porque. Lo único cierto es la extraña similitud de mis distintas realidades.

Hoy, con un poco de alcohol, siento la necesidad de contarlo, es algo que me explota, que, aunque sea increíble, no puedo callarlo ya.

No estoy seguro del todo del orden de los acontecimientos, pero creo que así empezó todo:

Circulo solo por la vida. Mis amigos me aburren, siento ser tan crudo, pero cinco años perdiendo el tiempo de mil maneras estúpidas son muchos. Llegó el momento de respirar sin ellos.

La calle está silenciosa esta noche, no creo que se anime la cosa, se intuye de plomo. Salgo solo, algo que se está convirtiendo en cotidiano. No lo pienso demasiado. Me acerco a “La casa de hojas”, es un bar de copas de buena música y gente conocida, todavía no soy un solitario de licores nocturnos.

No quiero explayarme, no quiero adornos, no voy a describir nada. Me limitaré a decir que la pelirroja está sentada en un taburete de barra con una amiga, una amplia sonrisa y una chupa vaquera. Me mira sin apenas disimulo, hay poca gente y me acerco a contarle lo que se me ocurre, sin demasiado sentido supongo. Algo se dispara en mi, intento que no lo note. Después de dos cervezas y una conversación ya más afortunada me invita a acompañarlas a cenar a un bar cercano. Nos divertimos e insinúa donde podré encontrarla. Demasiado rápido para mi tasa de éxito, pero a veces la vida te sorprende.

Fue el primer punto de inflexión…

 

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