Extraños en la noche

“- Me pregunto que placer obtienen los humanos de sus visitas nocturnas a esos locales de alcohol y sonidos.- dice el gato blaco.
– No se, creo que buscan desconectar y desinhibirse.- responde el gato negro.
– Ya! Mira que cada día me parecen más extraños los pobres.- suspira el gato negro.”

Anoche recibí una llamada de la la señorita Gra. Me invitaba a cenar. Creo que dijo algo así como que necesitaba escapar un poco de su estresante y monótona vida diaria. Por lo visto la hermosa juventud a veces no es suficiente.

No soy mucho de la noche, pero una amiga es una amiga y un buen vino siempre reconforta. El restaurante es pequeño pero agradable. Mesas bien dispuestas, una ténue iluminación que anima a la conversación y una carta de mi gusto.

La señorita Gra todavía anda un poco perdida en la ciudad. Entre sorbos de vino me va comentando sus cuitas. Al principio la escucho con atención, pero la conversación sobre jabones que mantien dos estupendas señoras en la pegada mesa de al lado repercute demasiado en mi mente. Al final salgo del restaurante con un agradable olor a limpio y más o menos Gra se ha desahogado.

– Sr. Tonooi. Me preguntaba si quiere que pasemos por un bar que está cerca de aquí… una copita por favor…
– Bueno, ya que estamos…
– Estupendo.

Una simpática chica de detrás de la barra nos sirve una extraña bebida en tubo de ensayo que sabe a canela y pimienta. No empieza mal la cosa.

Pero el tiempo pasa, los bailes epilépticos entran en escena y mi cabeza empieza a comportarse como una peonza. Mi compañera, ya en ambiente, parece que disfruta. Empieza a difuminarse con sus coetáneos y siento que es hora de volver.

– No se vaya tan pronto por favor.- Dice sin demasiada convicción
– Mi querida amiga, usted está entrando en trance colectivo y yo soy una especie de anomalía aquí.
– De acuedo como quiera, pero que conste que no es por mi, eh?
– No se preocupe, la curva de disfrute ya llegó a su cenit. Y no dude de lo estimulante que me resulta su compañía…

Me despido con los clásicos dos besos y por el camino de vuelta pienso en jabones, epilépticos, y en las mil maneras de evadirnos que tenemos.”

Fragmento de “Una vida colapsada” del sr. Tonooi

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