Noche disonante

Hay claros indicios de que las lunas ya no son para mi. Alejandra me regaló una serie de golpes al hígado rematado con un crochet de derechas directo al mentón…y se despidió con esa suficiencia suya tan jodida, por lo menos la puñetera tiene gracia. Más tarde, ya en el bar, me encontré con Sara que me puso la cara roja diciéndome que soy una rata gorrona y mientras me agachaba buscando la dignidad que se me caía de los bolsillos descubrí una pequeñita monísima de la muerte con aire caribeño que, naturalmente, no me hizo ni puñetero caso. Seguí agachado durante un buen rato.

Los servicios hervían con excitación blanca. Idas y venidas imparables… Todo el mundo hasta el culo. Que pintaba yo allí. Mi amigo “J” intentaba luchar contra la adversidad mientras yo abandoné el barco, ya con claros signos de inundación, a las 4 de la mañana.

Para más inri mi despareja me envió un wasap moñas de buenas noches desde Granada… Y yo a las 8 despierto como un gilipollas resacoso.

A veces las señales son evidentes, no debería haber estado allí… Por lo menos bailé un par de temas a mi ritmo loco. Y esta noche fiesta… Si es que no aprendo nunca.

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