La muerte de Naoko

La tierra me engulle mientras la ciudad en negro despierta, yo no lo hago, no puedo. Cojo mi viejo mazda y me acerco a la playa. Yo, el graznido de las gaviotas y el aire denso. La soledad era eso, respirar aire espeso que ahoga, ahora lo se. Naoko se ha ido para siempre, no supe seguir sus pasos erráticos de princesa yaciente.

Hace frío y me golpea el rostro pero apenas lo siento. Dos paseantes me observan mirar el mar vacío. Quizá despierte, quizá la tierra me devuelva a la vida, pero eso no ocurrirá hoy.

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