La espera de Naoko

Sigo esperando su sueño, ese que me entreabra su puerta, pero Kizuki persiste en su insomnio. Nadie sabe que le pasa, a veces obviamos lo simple: no quiere soñar conmigo. Mil excusas, que si estrés, que si no cuida los hábitos, que si un principio de depresión… No quiere reconocerlo, pero como he dicho la respuesta está en lo simple. La navaja de Ockham.

Quizá no debiera esperarlo desnuda con mis firmes senos apuntando a su razón. Con mi piel blanca y tersa deseándolo. Tal vez no sea oportuno sonreirle con tanta dulzura cuando el cansancio le vence y llega a mi, pero no puedo hacer otra cosa… y se que lo asusto, que no quiere enamorarse de un sueño.

Pero yo me niego a mi misma y se que estoy enamorada y le enseño mi pubis rasurado y lo despierto empapado. No dicen que el amor lo puede todo, yo quiero existir para él y ya no me importa la chica de la piscina. No es un amor puro porque entonces dejaría que volase, pero no puedo evitarlo y de alguna manera tengo que encontrar la manera de existir para él.

Ahora se que sufre, le gusta Midori, la chica de la piscina y yo muero de celos. Él no comprende que le está pasando y se aferra al no sueño como el pez espada de “El viejo y el mar” al bote, pero así morirá devorado por la locura. Tiene que darse cuenta que me quiere… aunque solo sea un sueño.

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