Laberinto

Ella no esperaba que todo acabará de aquella forma. Ahora, con la mirada fija tras el cristal, se halla en el centro del laberinto de fragmentos de su alma rota. La lluvia arrecia mientras desvanece el día en blanco y negro, uno más, ha perdido la cuenta. Gotas estrelladas contra su ventana, le apetece abrirla, empaparse, quizá para sentir, sentir algo más que su vestido de tristeza desnuda.

Ariadna lo dejó todo por la maldita insensatez de libertad, es tarde, pero sabe que ya era libre con él, cuando corrían por calles dobladas riendo, cuando… simplemente se miraban.

Un día, sin previo aviso, cogió aquel avión a Creta y ni siquiera guardo una madeja de hilo para poder volver. Un sueño, un mito. Qué perseguía? No lo sabe. Durante dos meses el sol iluminó su cara de sexo, alcohol y ritos. La cálida agua entumeció sus sentidos y ojos de mar la atraparon. Ulises, las sirenas… quién sabe? Pero lo cierto es que nunca encontró a Teseo. Cuando el deseo, el sueño se filtró por su piel fue otra, pero todos los sueños terminan y ha despertado sola en medio de su laberinto.

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