Guido (Sorrento, 2014)

He vuelto, los sucios adoquines han esperado mi regreso y el tañir de la campana vieja suena igual. El aire, y los olores que transporta, son los mismos. Los viejos son ahora otros pero tienen parecidos rostros. Rostros de sol y viento arrugado.

María ha venido a buscarme a la estación catorce años después y en un principio no la distingo de la otra, de la que quedó en el pueblo. Todo ha estado durmiendo.

  • Eso es porque la ciudad te estaba esperando.- Sonríe María.- Y quizá no solo la ciudad.

La miro y no digo nada, la mitad vergüenza, la otra mitad no lo se. Ella si ha cambiado. Su solitaria belleza parece más desenfadada. La otra María, la de antes, no jugaba con palabras, antes moría que insinuaba algo. Olvido. Quiero refrescarme un poco y olvidar la isla y el ron, me digo que no es momento de recordar nada… ni siquiera a María.

  • Sabes de Tomasso, sabes si sigue viendo sirenas?- pregunto
  • Nunca vio sirenas. Él solo hablaba de Parténope. Hasta que se fue a Nápoles hace 5 años siguió “enamorado” de ella.
  • Jaja! Tomasso. Tienes su número?
  • Pues claro, aunque te parezca raro, todavía somos amigos.

Es un golpe? Una reprimenda? Es posible, en cualquier caso, cada uno destruye su destino como quiere. No, eso no es cierto, si lo fuese, no hubiera vuelto.

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