El no sueño

La impronta del no sueño empieza a afectarme. Llevo 17 días sin dormir. No es insomnio, no encuentro motivos que me induzcan a pensar en ello, tan solo es que no duermo, me acuesto y espero a levantarme sin más. Sin embargo desde hace dos días me envuelve una tormenta de arena que me atenaza. Mis movimientos se ralentizan y mi razón viaja al sinsentido. Respiro ahogadamente y la realidad pesa, se condensa y me despelleja. La arena atiza mi ser.

He vivido otros “no sueños”. Jamás he visitado al médico. Para qué? Me va a decir que lo que me ocurre no existe, no está tipificado en los manuales. No me ha importado hasta hoy, pues nunca me hallé rodeado de tormenta, eran periodos asumibles de no más de una semana. Siento que si los días desérticos se prolongan encontraré problemas haciendo cola para atravesar en cruz mi cerebro.

El miedo no ayuda, es un acelerador metabólico de destrucción, pero no puedo ahuyentarlo. Es parte del desierto, del proceso. Cada paso, cada día, me acerco a la locura, y soy consciente de ello. Lucho por vencer al pánico. Dos días, me digo a mi mismo, llevo así dos días, no son demasiados, quizá cuando el abismo se abra duerma. Un mecanismo de control. A ratos me lo creo… tal vez sea parte del proceso.

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