21 gramos

Teresa se ha ido y se ha llevado consigo 21 gramos. Siento la insoportable levedad del ser, precisamente la protagonista de Kundera se llamaba Teresa. Noches de vino blanco con adagios mirando el recuerdo. Consigo dormir en cortos intervalos en los que sudo sin ella.

No se que ha ocurrido y presiento que ella tampoco lo tiene muy claro. Quizá podríamos definirlo como hastío cotidiano… una fuerza plomiza que retuerce la cuerda hasta que se rompe. No me di cuenta, ahora se que muero un poco, o un mucho, cuestión de ratos.

El adiós fue tan breve que ni lo oí. Un mensaje en el móvil durante el trabajo.

“Alberto no me atrevo a decirte esto a la cara, soy cobarde para ello. No espero que me comprendas pero me voy…” Apenas nada más. No hacia falta. Buscaba cosas que mi monotonía no podía ofrecerle. Eso es bueno? Olvidar compromisos por apatía? Por qué se pierde tan fácilmente la ilusión, la pasión, todo?

El umbral del sufrimiento es decadente. No nos queremos, no nos soportamos y destrozamos almas por sueños desnudos, a la deriva. No sabe a donde irá. Pero a mi me faltan 21 gramos.

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