La mariposa de la redención

La habitación estanca permanece a una gélida temperatura constante. Beatriz la azul, Esmeralda la verde, Andrea la roja… así hasta un total de doce mariposas duermen con el rostro sereno y su pureza quieta. La serenidad que desprenden sus cuerpos callados me sobrecoge. Intento no traspasar la puerta a menudo. Creo que los momentos de éxtasis se deben espaciar en el tiempo.

Los psiquiatras y demás son de la opinión de que la gente como yo no sabemos discernir el bien del mal. Es posible, son fronteras confusas, pero si algo tengo por seguro es que la mayoría de esta sociedad se mueve en estos mismos parámetros. No hace falta ser un “coleccionista”. La sociopatía es ya un mal endémico. Mientras, yo disfruto con la música, la belleza y la paz que desprenden las mujeres-alfiler. Inmortales en su belleza etérea.

Este fin de semana viene Ana a Madrid. Cuantos años han pasado? No lo recuerdo. Tomaremos algo y reiremos. Si que me acuerdo de su sonrisa, espero que no la haya perdido. Tengo dudas, aunque según los manuales no debiera tenerlas. Ana… En un principio pensé en cerrar la colección con la treceava mariposa, tenía hasta nombre: “La mariposa de la redención”. Y este fin de semana he quedado con Ana…Mi único amor, si es que yo pude amar alguna vez.

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