Mariposa nocturna

El humo y la sed, constantes de esta noche que se cierra. Salgo a la calle desierta débilmente iluminada por farolas viejas. Solo oigo mis tacones. Siento que no debería estar sola, no soy paranoica, quizá sea el alcohol, pero un frío glacial me recorre el espinazo… un miedo atávico me dispara el corazón. Esta maldita oscuridad y el ruido rítmico de mis tacones… acelero el paso. Por suerte estoy ya cerca de casa e intento alcanzar la casilla de “salvada” como en un juego de mesa.

-Buenas noches Beatriz. Te has divertido?

La voz me llega de espaldas, no he sentido nada ni a nadie y puedo asegurar que he estado alerta. Me paralizo, mi cuerpo no responde durante unos segundos hasta que que descubro que es Matías, el cocinero de mi restaurante favorito.

– Joder Matías!! No sabes el susto que me has dado. Podías tener más cuidado.
– Tienes razón, perdona…una noche larga eh?
– No lo sabes bien. Por cierto que haces por aquí a estas horas?
– Oh! Nada importante, solo busco mariposas para mis alfileres.

Siento la presión de su mano en mi boca…

La noche se cierra con un fundido en rojo

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