Mal de amores

“- El sr. Kihara anda sumido en melancolías.- Comenta el gato blanco.
– Creo que se ha dejado los antidepresivos.- Responde el gato negro.
– Si, eso será.- Finaliza el gato blanco.”

El balneario es nuestro lugar de encuentro. Sus termas, su clima, sus senderos. El sr. Kihara y yo solemos visitarlo con cierta frecuencia. Estos días lo noto algo alicaído: los suspiros apocados, su caminar callado, la mirada perdida… vete a saber, igual tiene mal de amores, yo de eso tampoco se mucho, hace tiempo que solo veo las curvas.

  • Un día esplendido. No le parece Kihara?
  • Si.
  • Qué tal si esta noche rondamos un poco por el pueblo?
  • Vale.
  • Por Dios! Está usted muerto?
  • Quizá.

Seguimos caminando en silencio, y viendo su alma en pena, revolvieron mi mente aquellos primeros amores de dolida juventud, cuando todavía veía algo más que bonitas curvas. Entonces creía que todo me pasaba a mi, que solo yo podía sufrir y morir de ese veneno de albaricoque que bebía de mi prima Angélica. Esa cadena de hierro que atado me hundía en las profundas aguas del abatimiento cuando ella no me sonreía.

Nunca volveré a sentir así, ese divino sufrimiento que desmoronaba todo mi cuerpo. En el fondo siento simpatía y cierta envidia por lo que está pasando mi querido Kihara, aunque yo, estoy en otras cosas.

Fragmento de “Una vida colapsada” del sr. Tonooi

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