El ascensor azul

Solo tenía que subir en el ascensor azul para verla, estaba allí, en el séptimo… muy cerca. Eso lo supe mucho tiempo después, por aquel entonces solo utilizaba el ascensor para bajar… a los infiernos o al parque, tanto me daba, pero solo bajaba. Se llamaba Lía y nunca nos cruzamos en el ascensor azul.

Llegó un día en el que ella voló. No me di cuenta, estaba sumergido buscando sirenas; unas veces en las plazas de los mercados, otras… en la noche cerrada. Alguien me dijo una vez que las sirenas no existen. No me importó demasiado, tal vez porque nunca supe más que bucear.

Y llegó otro día, un día cualquiera, en el que me convertí en una gota de agua en medio de mi querido mar. Y allí sigo, mecido por olas que a veces parecen susurrar su nombre.

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