Escarcha de invierno IX

Nuria

“Realidad alterna”

Abro los ojos lentamente ante la realidad distinta. Aparentemente todo sigue igual. He examinado minuciosamente todo lo que me rodea, apenas un ligero cambio de percepción, cómo si la intensidad del color hubiese bajado un tono.

Me esfuerzo en ser yo. El frío sudor desaparece pero se mantiene la película pegajosa cubriendo mi cuerpo. Hay gente que dice haber visto la muerte, la luz, el túnel, su vida en 5 minutos… y siguen su vida aparente. Qué he visto yo? Una ciudad irreal con sus fantasmas, el mío incluido, acompañada por una incongruencia borrosa con gabán. No importa, no hay determinismo en ello, creo que nada es definitivo… ni siquiera real.

Establezco prioridades: Daniel, el reportaje, la policía; exactamente por este orden, lo demás ya se verá. El agua, siempre el agua fría, me limpia. No dedico mucho tiempo a nada más, salgo volando hacia el observatorio. No se porque, pero me viene a la cabeza el comienzo de la novela de Soseki que estoy leyendo “Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre. No se dónde nací.”

Al llegar al OMA pregunto por Daniel… es extraño nadie parece conocerlo. Me encuentro a Silvia, viste un sencillo y elegante vestido corto, unos preciosos zapatos de medio tacón y el cabello medio recogido. Joder! Chic y formal. No puede ser ella, no la conozco demasiado, pero vamos… Pasa delante mío sin reconocerme.

  • Silvia!
  • Si, dígame.- Me reponde cortésmente.
  • Silvia has visto a Daniel.
  • Perdone. Daniel? Srta. no se estará confundiendo. No me consta que trabaje aquí nadie llamado así.
  • Disculpe. Si será un error, perdone.
  • No hay de qué. Por cierto, cómo sabe mi nombre?
  • Se parece usted mucho a la compañera de trabajo de la persona que busco. Una casualidad supongo.
  • Ah! Bueno. Que tenga suerte.- y se aleja sonriendo con los tacones

Busco refugio, mi temblor y mi angustia crecen exponecialmente. No entiendo, no comprendo, un nudo que me asfixia, la pesadilla recurrente… agotada pateo las calles hasta el embarcadero, con suerte llegaré a la salida del mediodía, voy a ver las ballenas, quiero verlas volar. Recojo oxigeno por donde puedo… poco a poco siento algo parecido a estar relajada. Es entonces cuando llamo a la agencia; la respuesta fatídica, nunca he trabajado allí. A la policía ya ni voy, en este mundo no existo, o si lo hago, no se quien soy todavía. Me acuerdo del gato de Soseki.

La puta escala cromática después de tres gin tonics sigue a la baja. Me voy tambaleando a mi apartamento. Definir todos los acontecimientos que han ocurrido en 24 horas es imposible. Creía que era imposible pero duermo profundamente… sin sueños

El amanecer nace ligeramente decolorado, comprendo que sigo ajena a mi mundo. Lloro un llanto amargo que nace de las entrañas. En mi omoplato izquierdo el Yin y el Yang. Cruce de destinos, nuevos recuerdos invasores diluyen mi vida. Se que los recuerdos cruzados desaparecerán y con ellos el rastro de la antigua Nuria. Mi sombra me avisó, algo me escindió hace muchos años.

Tengo que volver…

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