Escarcha de invierno VI

Daniel

“Biomasa de estupidez”

Hoy he paseado bajo una fina lluvia. Antes de trabajar paseo, a la velocidad que voy solo se me desentumece la mente. Para mi ya es bastante. Sin embargo hoy no puedo dejar de pensar en Nuria, creí que la lluvia difuminaría este recuerdo, pero no, haría falta un diluvio. Siempre he pensado que mi vida es un corto, no es que no me hayan sucedido cosas, más bien es el pasado indefinible que escondo, que aparto, que olvido. Un buen montador reduciría mi vida a 15 minutos. “Chico conoce a chica complicada, chico la caga”, me sobran 10 minutos.

Ver a Silvia, barnizada de alegría, es de agradecer, aunque sospecho…, siempre sospecho de la felicidad. Cuando llego está sentada frente al ordenador. Su melena rubia recogida con palillos japoneses descubre su preciosa nuca y en el lado izquierdo, un pequeño tatuaje de mariposa. Levanta la vista ante mi presencia.

  • Daniel, que pronto llegas hoy, no se porque imaginaba que te tomarías tu tiempo.

Decir esto con sus grandes ojos riendo me inquieta un poco, me jode que me conozca más que yo mismo en solo 3 meses, debo ser plano y transparente.

  • Hola Silvia, el otro día, alargue un poco la noche… acompañe a Nuria a casa.
  • Algo me imaginaba
  • Por?
  • Será porque soy tu amiga. Será porque solo la mirabas a ella. Yo ni existía, me tienes muy vista.
  • No seas borde que es muy temprano, sabes que te adoro…
  • Ya, ya, cuenta anda…
  • Bueno el caso es que ni le dije ni hice nada. Creo que hubo un momento…
  • Un momento….- dijo burlonamente.- Sigues en tu línea campeón. Anoche se te comía con los ojos, pero bueno ya me he dado cuenta que tu esas cosas no las ves. O tal vez sea que no quieres verlas. Algún día me contarás.
  • Tu siempre tan perspicaz, pero miradas a parte, creo que es un ascensor emocional.
  • En ese caso igual necesita un “aburrido” como tu.
  • Muchas gracias señorita, anda, vamos a trabajar.

Nuria está por Las islas con el insomne de las 7 y 10. Es curioso, la reacción que ha causado en mi, es en cadena, mis átomos desencadenados solo se juntan ante su imagen, su momento ballena, su desesperación gin tonic, su belleza nocturna. Silvia ríe y yo desepero.

Por la tarde me emborracho, copa tras copa buscando mi tráquea, dejo de ser temporalmente aburrido hasta que me convierto en plomo fundido. Silvia me ha aguantado, me ha advertido y finalmente ha acompañado a la biomasa de estupidez que soy a que le de el aire. Tiene la nuca y las orejas preciosas. Me deja abrazarla, lo necesito y lo sabe. Despertar es doloroso, tal vez eso buscaba en esta isla, seguir durmiendo. Pienso en Thomas de Quincey y en su afición al opio. Pienso en Silvia. Pienso que igual despierto demasiado. Le doy las gracias, un beso en las mejillas y me dirijo al hotel. Silvia quiere asegurarse de que estoy bien, pero es mejor que este solo. Así que nos separamos a pie de puerto. A lo lejos oigo un cuídate, me doy la vuelta y sonrío.

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