Escarcha de invierno IV

Daniel

“Ballenas voladoras”

Me he levantado con su sonrisa colgada en mi memoria. Se balancea, pero no cae, así pues, a lo mejor no estoy tan muerto como creía.

No conozco a Nuria, pero indefectiblemente me atrae. Pasamos la mañana
haciendo equilibrios malabares entre la poesía inglesa del XIX, la afición al opio de Thomas de Quincey y la escuela flamenca de pintores; todo ello regado por buenas dosis de café caliente, tibio y frío. Sin embargo, a pesar de lo que pueda parecer, no había ni un solo atisbo de engreimiento en su sinuosa conversación. Trazaba giros que yo me esforzaba en seguir un tanto embotado por la carnalidad de sus labios. Sus palabras eran burbujas que escapaban de forma natural de su copa.

Por la tarde, vimos ballenas. Para mi no fue demasiado agradable, debo ser de los pocos biólogos marinos que se marean, pero contemplar a tan magníficas criaturas es fascinante, he visto a hombres llorar al ver por primera vez una azul, diría que es imposible referirse a ellas si no es en términos románticos. Al ver la expresión de Nuria, su mirada atónita, su salto emocionado, su cuerpo tembloroso… supe que había visto su primera ballena.

  • Daniel es… es… alucinante. Joder que maravilla!! Gracias.
  • Gracias? Estoy encantado de acompañarte pero…
  • Ya.- se rió.- Supongo que es la emoción. Ojalá las ballenas pudiesen volar… si no fuesen tan pesadas.

Ballenas voladoras. Recopilando datos y procesando información.

Su melena al viento influyó, pero verla con una piel de sueños, sobretodo después de la noche de los gin, me aturdió. Una mujer que duerme y despierta. No es fácil, hay personas cuyo manto de sombra es perpetuo. Somos hijos de una época donde sobran los sentimientos porque no se acoplan a la vertiginosa velocidad que nos movemos. Se que Nuria es capaz de despertar.

Después de la experiencia cetácea nos reunimos con Silvia en lo de Peter. No pudo venir por la tarde, cosas que hacer en el observatorio. No importaba demasiado, ella ya tuvo su momento “Stendhal” y aunque no es una rutina, es parte del trabajo. Tuve la impresión de que se cayeron bien… bueno, yo de psicología femenina no se mucho, pero me pareció que sus radios de acción no se entrecruzaban.

Al rato llegó Javier. Le habían llamado de su agencia; aprovechando su estancia en la isla tenía que hacer unas fotos para el reportaje de Nuria. El mundo del “freelance” supongo. Saludó a las chicas, a mi bella compañera ya la conocía. A Nuria empezó ayer a conocerla.

Javier dice no vivir en terreno resbalazido, él es concreto, él es directo, solo hay que ver como se escapan sus ojos buscando a Silvia, bueno a Silvia y a quien sea. Lo de la joven bióloga es comprensible, natural… su sonrisa te embauca, sus ojos te desnudan y tiene voz de olas. Pero bueno, él sabrá… dice que está en fase adolescente pajillera, no lo tengo tan claro, en esa fase no se tiene insomnio.

Siento que la isla se va estrechando a medida que sube la marea de emociones. Nuria, Silvia, Javier, yo y el pasado como un personaje más del que no escapa nadie. Ni siquiera Javier.

2 respuestas a “Escarcha de invierno IV

  1. andreascorbutti 12 febrero, 2014 / 11:31 pm

    Pero….. donde esta la II Y la III? no las encuentro!

    • tone kihara 12 febrero, 2014 / 11:42 pm

      Vaya Andrea, esto de ir colgando trozos… bueno, si buscas es fácil
      Un beso

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s