Escarcha de invierno III

Nuria

El viento de la isla”

Un amanecer con poso de ginebra, la luz se filtra poco a poco y me envuelve junto a su recuerdo. Es una sensación tibia que casi alcanzo con las yemas de los dedos. Todos tenemos pasado, todos arrastramos pesos inertes… hay que desprenderse de ellos o asumirlos sin que te desgarren por dentro. Yo no soy una excepción. Lo que cuesta una vida construír se lo lleva un soplo de viento y te desnuda, te vacía y lo que es peor, te blinda. Ya no soy una mujer permeable.

Desayuno unas tostadas y zumo en el pequeño estudio que tengo alquilado. Transcribo notas en el portátil, el artículo va tomando forma, esta mañana parece que veo con más claridad… mejor que dure, llevo demasiado tiempo con esto y no me cabe ninguna duda que pronto llamarán de la agencia. Me zafo de mis obsesiones con el agua fría de la ducha.

El mar está gris y ligeramente alterado, como el día, pero me gusta así. Mientras paseo hacia el puerto observo como renace la isla, el movimiento pausado de sus gentes, el graznido de las aves circulares, el salitre impregnado a cada paso. La bahía está preciosa vestida de invierno.

– Buenos días señorita, ha tenido usted suerte.

– Suerte?.- es el hombre de ayer, el otro paseante

– Si, son las 9, ya tendríamos que haber zarpado. Discúpeme soy Daniel y ella es Silvia.- dice mirando a una joven rubia que me sonríe abiertamente.

– Encantada, soy Nuria… Entonces?

– Bueno, solo tres pasajeros, uno que no llega y el mal tiempo…Nos esperaremos a la salida de las 14 y 30. Si no tiene incoveniente.

– No, no, ninguno…

Como he podido despistarme tanto, me siento un tanto rídicula. Pero quizá sea mejor la salida de mediodía, a poco que mejore el día claro.

El hombre sigue teniendo el pelo enmarañado, una voz grave y su mirada ya no es cínica, puede que fuese una impresión mía, no se. La jovencita se despide diciendo que vuelve al observatorio. Él se queda mirándome.

– Perdone por mi intromisión de ayer. Le apetece un café de disculpa?

Intromisión, café de disculpa… que yo sepa nadie habla ya así.

– Claro, por qué no? La verdad es que estuve un tanto antipática.

– No se preocupe, es el viento de la isla.

– El viento de la isla?

– No me diga que no conoce la leyenda.

– Pues no…

– En la playa vaga el espíritu de una mujer que espero día y noche el regreso de su “marino” y esa sensación de tristeza infinita se traslada con el viento a las mujeres que pasean por allí.

– Ah! Si es así estoy disculpada, estaba poseída por la desesperanza y la fatalidad.

– Más o menos. Ese café?

Paseamos por la fríaldad que torna calidez con sus palabras. Me explica algo de su trabajo y yo del mío. Futilidades de acercamiento. La realidad es que me siento cómoda y creo que él también. Hasta tengo ganas de preguntarle por la jovencita, algo que, evidentemente, no hago.

El café es amargo, el día no.

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One thought on “Escarcha de invierno III

  1. cris 7 febrero, 2014 / 9:21 pm

    Este cuento va cojiendo color. Me gusta.

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