Pupilas (La noche II)

“No existes, solo te sueño, y a fuerza de soñarte, te creo”

Me acuesto dividido, hace apenas horas… días… la certidumbre de mi soledad era firme, esa seguridad ha desaparecido, es un castillo de naipes derribado y mi alma queda descubierta. Las falsas murallas de papel han caído. Sin embargo esta nueva vulnerabilidad me sosiega, es posible que estuviese harto de estar encadenado al silencio.

En mi sueño vienes a mi desnuda, una desnudez matemática, la perfección de tu cuerpo me turba. Avanzas cadenciosamente, te detienes al alcanzar mi estratégica posición durmiente, te acomodas, te inclinas delicadamente y tus labios se posan en los míos, ingrávidos, apenas pompas de jabón. Mi cuerpo reacciona al paso de tus manos por mi espalda. Te miro, no importa si dormido o despierto, siento el sigilo de tu deseo y esta noche no habrá paz deshilvanada. Te acerco a mi…

Las sabanas revueltas, el olor, el hueco de su cuerpo en el colchón… oigo abrirse el grifo de la ducha, el agua cae y enmudece al contacto con su piel… y yo estoy despierto.

Es curioso, hay una hoja de otoño en el suelo.

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