Pupilas (Cuarto día. Él)

El ruido de su silencio y su belleza atrevesando mis párpados me han acompañado toda la noche y he podido comprobar la rítmica gotera del baño. Por un momento creí que iba a renovar mi Documento Emocional de Identidad, ese que dice que morí el 22 de agosto de hace tres años. Ya no acostumbro el deseo ni el amor, o no acostumbraba, Nuria a despertado una maquinaria atrapada en el sueño de los evitamientos, de los miedos, de la vulnerabilidad. Quizá debí empujar la puerta entreabierta, rozar sus labios, entrar en sus infinitas pupilas y acariciar sus curvas exactas. Es fácil pensar eso ahora, ahora no está.

París está triste, desubicada en el tiempo, por supuesto es una impresión mía, pero estos tiempos han desgajado su magia. Deambulo por las calles con torpe desgana fumando cigarrillo tras cigarrillo, observando los movimientos apresurados de la gente mientras juego en un parque de recuerdos.

Olvido la nostalgia cuando suena el teléfono.

  • Max, soy yo, Nuria
  • Nuria! Joder, estaba preocupado
  • Ya, claro…Perdona, no se que me pasó…
  • Estás bien?
  • Si, si… no te preocupes estoy bien, me asfixiaba… no se como explicarlo, en unas horas vuelvo.
  • Vuelves? Dónde estás?
  • Fuera he cogido el primer tren… ya te cuento, tengo que colgar. Un beso
  • Un beso… Nu…

Ha colgado, pero la sacudida está ahí, el estremecimiento está ahí, todo está ahí. Inspiro fuertemente mezcla de desasosiego y esperanza. Noto que preciso alguna cercanía, aunque todo lo que me rodea son máscaras, entro en un japonés que hay muy cerca del parque de Luxemburgo. No es que frecuente estos restaurantes, pero me ayudan a no pensar demasiado, dedico todo mi esfurzo a los palillos.

En Japón creen que hay personas que nacen unidas por un hilo rojo. El hilo rojo me ata a ella, a una persona que acabaré perdiendo. Pero el hilo nunca se rompe, se estira, se enreda, se contrae, pero nunca se rompe. Pienso que esta fuerza escapa a la razón, es una química perversa que te impide alcanzar un final féliz, una pulsión que hoy en día no estamos dispuestos a sufrir y se diluirá en nuestro inútil egoismo. Pero el hilo no se rompe y siempre estaré de alguna manera con ella… La madeja empieza a desnudarse ahora, así que no me voy a preocupar por el futuro, solo quiero encontrarla, sin preguntas, sin reproches, solo quiero tener su piel, saborear su boca, perderme en ella. Quiero que su mano me saque de las tinieblas de mi realidad.

Decae el día, la luna alumbra mis últimos pasos líquidos por estas calles. El móvil no ha vuelto a sonar ni yo he llamado, se que solo cabe esperar. Todo se precipita en mi, un extraño viaje de sentimientos reencontrados, recito para mi los versos de Alberti: “Tú no te irás, mi amor, y si te fueras, aún yéndote, mi amor, jamás te irías”

Amor, no había hablado de esta palabra, pero me acerca a lo absoluto. Dejaré mi puerta abierta, dormiré de color rojo, ella la cruzará a cualquier hora y en mi sueño sabré que ha vuelto y la abrazaré, volveré a perderme en sus pupilas infinitas, beberé de sus lágrimas y jamás encontraré el camino de vuelta.

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