Pupilas (Segundo día. Ella)

Siento calma. Necesitaba este viaje. Max ayuda. Ayer, al quedarme sola en la habitación, no regresaron mis fantasmas. Me levanto sobre las 8 confiada y despejada, sin ruiditos extraños recorriendo mi cuerpo. Algo pasó… si, es cálido estar junto a él, cuando callaba quería oír su voz, todo eso es cierto, ahora viene el pero: se a que he venido.

Me visto informal, lo más que puedo, tal vez pude dejar puertas entreabiertas y no solo para Max, si no para mi misma. Las puertas abiertas van de dentro a fuera, pero también de fuera a dentro, por lo menos la puerta que vislumbré anoche. Bajo. Está sentado en una mesita para dos, solo toma café y se le ve algo cansado. No quiero aventurar ningún juicio. Le saludo con un sencillo beso. No hablamos de puertas ni de rendijas por las que se cuelen emociones. No siento ninguna tensión, nada más verlo, las absorbe.

Le propongo que pasemos el día paseando por el barrio, que respiremos, charlemos, olfateemos, es un buen lugar para hacer esas cosas. Un poco románticas… ? tal vez, pero si lo tengo que pensar todo me volveré loca. Luce un maravilloso sol, raro en París y en otoño, invitados por él, descendemos por el bulevar a ritmo lento, de “cross road blues”, charlando, a veces susurrando, a veces riendo. 
Estamos en el puente de la Concorde, es horroroso, hay un tráfico intenso, pero cruzarlo te conduce a otro París, se acabaron la “bohemia” y los “bistrots”, bienvenida la elegancia parisina. 
– Por Dios, vamos con vaqueros… -la risa queda colgada del puente. Volvemos al sur. Me siento muy cercana a Max.

Como todo escritor primerizo, soy muy celosa de mis cosas, está claro que es miedo a que te digan que no vale una mierda, pero bueno, lo de celosa de mis cosas va bien. Llevo en el bolso un pequeño relato que todavía no ha leído nadie. Quiero que él lo lea. Se lo digo cuando paramos a comer, con las pertinentes tonterías de que si es muy malo, que lo escribí muy rápido, que está sin corregir. Quiere leerlo ya. Naturalmente no le dejo. Que lo lea solo, en su habitación, no quiero morirme de nervios en este momento. No le hace gracia que le diga que sea crítico, pero a parte de ser lo que se dice, Max puede que sea una buena piedra de toque. A mi me lo parece.

La tarde desaparece sin darme cuenta. Sopla un poco el viento de cara y empieza a refrescar. Pienso en el amigo de Kafka. Por qué llevará su nombre? Tablet y wikipedia antes de dormir.
Cenaremos en el hotel, hoy era el día tranquilo. Con el fresquito me dan ganas de abrazarlo, ni lo hago, ni le doy pie. A pesar de eso seguimos charlando y riendo. Por qué no tendría que ser así?
En ocasiones ocurre, conectas rápido con una persona. Que voltaje soportaría yo en este momento?
Me resulta curioso la cantidad de preguntas que me hago a mi misma, y que sin embargo no afecten para nada mi espíritu. Las debo hacer en voz baja.

Al llegar a la habitación hecho de menos los titubeos de ayer. No tengo derecho a quejarme. El día, simple, ha sido estupendo. Mi cabeza… eso ya es otra cosa.

Anuncios

2 thoughts on “Pupilas (Segundo día. Ella)

  1. Anónimo 17 diciembre, 2013 / 11:25 pm

    Muy ameno, tiene mi atención pendiente de como se va desenvolviendo la estancia en Paris.

    • tone kihara 18 diciembre, 2013 / 8:23 pm

      Tal vez la noche cambie o tal vez no… Gracias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s