Pupilas (Primer día. Ella)

Estoy volando, me encanta volar. Me gusta creer que soy escritora y que voy a reescribir mi vida, pero de momento me conformo con articulillos para revistas de viajes. Ahora vuelo hacia París, es la primera vez en tiempo que no lo hago sola, lo hago con Max, un hombre que se me antoja improbable, se llama así por un amigo de Kafka, ni siquiera por el mismo Kafka. ¿Por qué viajamos juntos? Cosas que pasan.

La luna de otoño nos espera al bajar del avión, no hablamos demasiado, solo lo justo. La capa de silencio normal en estos casos, nada de que preocuparse de momento, eso si, el taciturno taxista, no ayuda. Estoy como ingrávida, ligera… contenta, sin embargo Max está un tanto tenso, es fácil de averiguar, mira nervioso y calla, no importa, he venido a disfrutar: primer capítulo

El taxi nos deja sobre las 9 en la puerta del hotel y Max por fin sonrie… Interesante.

Es posible que en Sain Germain encuentre algo que me falta, ya han pasado muchos años, pero mi historia empieza aquí, tiene que empezar aquí, lo se. A veces has de volver al pasado para encontrarte a ti misma y en Saint-Germain-des-Prés se quebró mi vida. Llegué a pensar que nunca volvería a esta ciudad, que no soportaría los dolorosos e invasores recuerdos, fragmentos rotos de un espejo en mi memoria. No obstante aquí estoy, sumergida en una cálida y agradable sensación que no distingo muy bien… paz, serenidad, tal vez…no se. Es curioso el asunto del tiempo, cada persona tiene su despertador programado a una hora, el mío está empezando a sonar.

Hemos quedado en cenar en una “brasserie” cercana, Max dice que huele todo a existencialismo, que no es muy cara, y que naturalmente ahora está franquiciada pero conserva el aroma. Me he reído un poco, parece tener algo contra las franquicias, claro que tampoco es extraño. A las 10 en el hall para una velada existencialista… ahora que lo pienso… tengo un vestidito ad-hoc.

Me está esperando. Sonrío cuando lo veo, está guapo, no es que lo sea, pero lo está. Es ese tipo de hombre que no deja indiferente. Va vestido de negro con un sueter de cuello vuelto. Genial. He notado que, al verme, se ha sorprendido, disimula pero no lo hace demasiado bien, es un detalle que no me pasa desapercibido. He sonreído más, vanidad, un juego, dejarse llevar… no importa, es agradable que a un hombre interesante le descompongas un poco. Por lo menos yo ahora lo siento así.

Vino tinto en mis labios, mirada fija pero no incomoda, es como si abriese su alma por los ojos, le respondo de igual manera y hablamos. La conversación gira rápida de un tema a otro, es un buen conversador. Me lo paso bien.

De vuelta al hotel, siento frío, quizás debido al vino y al calor del restaurante. No me lo pienso y le abrazo, posiblemente también debido al vino y al calor del restaurante. Por unos momentos soy feliz, caminamos despacio, pero el trayecto es ahora demasiado corto. Una despedida fugaz al llegar a mi habitación, un mediobeso, dos tímidos adolescentes. Cierro despacio la puerta y sonrio otra vez.

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2 thoughts on “Pupilas (Primer día. Ella)

  1. Anónimo 14 diciembre, 2013 / 9:18 pm

    La historia promete… Esperáremos los próximos capítulos.

  2. Tone 15 diciembre, 2013 / 9:29 pm

    Seguro que hay lunas y gatos, no se nada más

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