Pupilas (Primer día. Él)

Nuria y yo llegamos a París justo antes del anochecer. No sabía exactamente que nos había llevado a viajar juntos, era la ex-mujer de mi amigo y no conocía mucho más de ella salvo lo que veían mis ojos. Y ellos no me engañaban, pues no estaba narcotizado por el subversivo amor ni por el deseo de mi escasez. Y mis ojos decían que era bella, de curvas exactas y pupila infinita.

Cogimos un taxi, el taxista era viejo y no muy hablador, el silencio entre nosotros era inquieto, agradecí cuando el viejo nos habló de su trabajo en una pequeña isla y que estaba en París de pura casualidad. Al finalizar el trayecto nos relajamos un poco, a la postre era un viaje, nada más que un viaje…

Esta ciudad es y no es. La Ciudad-Luz de las sombras. Romanticismo comercial en bulevares franquiciados. También pudiera ser que el que no fuese fuera yo, llevaba demasiado tiempo perdido sin siquiera saberlo. En cambio a Nuria le resbalaba la sonrisa por el rostro, tenía la impresión de que estaba donde quería estar. Tal vez hubiese perdido la noción de su soledad, no lo se, pero aún alegrándome por ella, su frescura empezaba a preocuparme porque destapaba mis motivos, estaba en París simplemente por ella. La idea no me hacía demasiada gracia.

Llegamos al hotel Dauphin sobre las 9 de la noche, demasiado tarde después del viaje para algo más que cenar y dar una vuelta por los alrededores. No importaba, teníamos una semana por delante, además el hotelito era muy céntrico, en pleno Saint Germain, no tendríamos que perder demasiado tiempo en desplazamientos. Pero en realidad, y en esto coincidíamos los dos, Saint-Germain-de-Prés era único, su atmósfera existencial aún se podía respirar, y allí mismo, en la calle Dauphin estuvo situada “Le Tabou” el primer cabaret existencialista…joder!! por allí pasaron Sartre, Cocteau, Boris Vian, Juliette Greco, La Beauvoir, entre tantos. Empezaba a sentirme cómodo, tal vez yo también estuviera donde tenía que estar.

Acomodados en el hotel me duché, con el agua se desprendió de mi algo más que sudor y cansancio, algo que tenía que ver con mi extraña melancolía, me sentí nuevo y Nuria me esperaba. Habíamos quedado en ir a una pequeña “brasserie” para cenar. Rezumaba existencialismo, me puse un jersey negro de cuello vuelto, la estación lo permitía: principios de octubre. Fui hacia el hall a esperarla. Apareció hermosa, con un vestido que giraba con ella, ingenuamente pensé que ya tenía mi “Juliette Greco” particular, no se… parecía claro que estaba embotado de lirismo existencial. Pensé que con facilidad había cambiado mi actitud.

Caminamos lentamente, parecíamos sin prisa, charlábamos de esto y de aquello sin parar, ralentizábamos el tiempo por el bulevar Saint Germain, apenas 5 minutos de camino hasta nuestro pequeño destino: “El Lipp”. Copa de vino “Côtes du Rône”, dos copas de vino “Côtes du Rône”, miradas enganchadas, quieta conversación…

Al volver al hotel hacía frío, no lo sentía, lo dijo ella riendo y se abrazo a mi, esta vez los cinco minutos fueron un suspiro. En la puerta de su habitación un leve roce de labios, apenas la comisura cuando no sabes si buscas la mejilla. Un hasta mañana, una puerta cerrada con miedo. Me fui a dormir con el vino y con el beso, pero no se si con la promesa.

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