Ministerio de Pensamiento

Estaba yo felizmente disfrutando de una fantasía “bondage” cuando a los pocos minutos he recibido un “wasap” del “Ministerio de Pensamiento. Subsecretaría de Higiene Mental y otros menesteres” advirtiéndome del peligro de mis impúdicas prácticas y las posibles repercusiones legales de persistir en ellas.

No lo podía creer, que yo sepa no es hasta febrero del 27 cuando me implantan el microchip… Luego, naturalmente, he despertado.

Puede que haya leído demasiado joven a Orwell, Zamiatin y demás escritores de futuros inciertos o simplemente sea un reflejo de la sociedad que estamos creando. Sea como fuere, en señal de protesta o porque me da la gana, me voy a desayunar al restaurante chino-erótico que solo está a unas pocas manzanas de casa.

Fragmento de “Pensamientos entrópicos a la hora del desayuno” del sr. Tonooi

La dificultad del amor

Estoy esta mañana dándole vueltas al siempre espinoso tema del amor. Mis conclusiones rara vez son acertadas, pero sospecho que no voy desencaminado cuando pienso que amar propone aceptar que la existencia de otra persona se convierta en nuestra preocupación.

Todo un gesto de héroes hoy en día: Días extraños y fríos donde la gente procura no complicarse en demasía, sobretodo para los que prácticamos los juegos de la edad tardía y arrastramos ya una sólida experiencia de desencuentros…

Bueno voy a desayunar ostras y algún otro afrodisiaco por si el amor deviene en… digamos “algo más”, pues esta noche tengo cita con Bella, 50 años de larguísimas piernas y los desencuentros que esperen al final del camino. Ya llegaré allí, si tengo que hacerlo.

Fragmento de “Pensamientos entrópicos a la hora del desayuno” del sr. Tonooi

Pescadores

Solo tenemos 19 años y una vieja vespa con la que serpenteamos por las viejas carreteras. Subidos en ella siento su fuerte abrazo. Anochece y su mirada torna líquida, como si quisiera decir algo que nunca dice.

Es viernes y el bullicio de las calles nos despierta de nuestras ensoñaciones. Nunca se lo que piensa ella, pero yo no quiero seguir la estela marina de mi padre, y aquí solo veo un futuro de redes y cañas.

– María, nos tomamos una cerveza en lo de “Peppo”? He quedado allí con Tomasso.
– No, prefiero que me lleves a casa
– Solo será una.
– No Guido, no.

Al dejarla en su casa, un suave beso en la mejilla y su mirada líquida.

Vuelvo al viejo acantilado y recuerdo los días de paseos prohibidos, de viento y salitre intentando ver a la sirena de Tomasso mientras reíamos por cualquier tontería. La luz de la luna apenas ya me deja vislumbrar el pequeño puerto de barcas marchitas y la costa recortada se funde en un picado mortal con la mar.

Solo en un pueblo marinero se envejece así, sin darte apenas cuenta… Me revuelvo lentamente, echo un último vistazo y me alejo de allí.

Ateismo

Mi ética personal me dicta que debo ser ateo. No está bien aprovecharse de las ideas de los demas y tengo muy claro que a Dios lo inventaron otros. No se si fue una genialidad o un proceso de trabajo en grupo. En cualquier caso no quiero seguir ese camino sin los derechos de autor aunque hayan liberado la patente, pero claro, tan solo es una decisión personal.

Bueno voy a por el tocinillo de cielo y el cabello de ángel. Quiero un desayuno teológicamente correcto.

Fragmento de “Pensamientos entrópicos a la hora del desayuno” del sr. Tonooi.

Desayuno con el diablo

Esta mañana me he levantado con la firme convicción de vender mi alma al diablo a cambio de que resolviera un asunto para mi de suma importancia. Me ha respondido que ni hablar. Que tengo el alma muy desgastada para semejante propósito y que lo más que me podía ofrecer eran media docena de bricks de leche desnatada para el orfanato que hay en el barrio o a todo caso el amor de la septuagenaria del quinto. No le he replicado, para qué? El que sabe de estos negocios es él y ya está.

De todas formas me quedé un poco contrariado y al ver reflejada la desilusión en mis ojos me ha invitado a desayunar trompetas de la muerte y choricillos al “diablo” deliciosamente picantes.

Por lo menos he llegado a la conclusión de que es un excelente conversador y los chorizos estaban divinos.

Fragmento de “Pensamientos entrópicos a la hora del desayuno” del sr. Tonooi.